La almeja fina es la que tiene la carne más tierna y, por lo tanto, es la más apta para degustarla en crudo, especialmente los tamaños más grandes. Hay quienes son partidarios de dejar caer una gotita de limón, no sólo por el sabor, sino para evitar alguna reacción adversa en el organismo debido a que la salubridad de las aguas marinas no son siempre las deseables.
Si se van a cocinar, es recomendable sumergirlas en agua fría con sal durante una hora para que se abran y suelten la arena que tienen en su interior. Se escurren y se lavan bien. Hay que comprobar que están todas vivas. Si alguna tiene las valvas abiertas significa que está muerta.
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